[070715]

La verdad es que no sé bien. Bien, quizás es todo esto de Freud y Lacan, te digo. No me siento incómodo durmiendo con una mujer, algunas huelen bien, otras me marean y su olor no me deja dormir. Tengo que ponerme una almohada en la nariz o algo alrededor de la cara.

Bueno, siempre son distintas, las vulvas, debo decirlo, esas cosas. Son siempre una sorpresa. Pues no me fijo tanto en ellas cuando lo hacemos, no soy malo en todo esto. Lo extraño viene del espacio. Porque al otro día los cuerpos parecen ocupar un espacio distinto. Andar de aquí para allá, fuera del sexo.

Tengo una relación complicada con el espacio. Siempre encerrado, siempre dando vueltas. Me gusta mover cualquier cosa de lugar. Las cosas se aburren y no pueden moverse, piden a otros moverlas. Me llaman y todos contentos. Las mujeres tienen algo de mobiliario. A la mierda tu feminismo. Para ellas tiene otro sentido, que no vemos. Hay una mujer que es otra cuando se sienta, otra cuando se recuesta en un diván y otra, que es la misma, cuando se enrosca como un gato sobre un cojín. No se puede tratar igual a esta mujer en cada caso, porque es como tratar de hablarle a la Santísima Puta Trinidad.

Después del sexo yo empiezo a dar vueltas por la casa. Quiero habitarla toda. Ir a la cocina o al sillón. Empiezo a marearme si me quedo acostado más tiempo, no es una grosería. Quisiera sentarme al borde de la cama y estirar el cuello. Me cuesta trabajo hablar en posición horizontal, debe ser algún defecto fisiológico. Tengo la mandíbula algo dislocada. No respiro bien.

De todos modos, hay que hacerlo al día siguiente. Salir de la cama y dar vueltas por ahí. Es donde empieza a ponerse dura, la idea, quiero decir. Tal vez jamás tolere vivir en compañía. Mi cabeza tiene alguna vibración lenta, como una onda corta. La mayor parte del tiempo soy un estúpido, no puedo pensar muy rápido. Mi pensamiento es como uno de esos objetivos de gran ángulo, parecen abarcar más una imagen, pero empiezan a perder definición al centro y por los ángulos.

Bueno, tal vez me molesta chocar con el pensamiento de alguien por la mañana. De pronto es como sí me pusieran una bolsa de plástico en la cabeza. Bien, así me siento. Como si me interrogaran con una bolsa en la cabeza. No quiero hablar, sólo quiero pensar pero no puedo hacerlo con alguien cerca. Me duelen los dientes. Sería mejor ponerse a leer o escribir algo. Tomar algunas fotos.

Peleamos mucho en las mañanas. Ya lo he intentado todo. Tengo malos hábitos. Como decía, también detesto la compañía masculina, es por el espacio a veces. Pero te puedo decir que he vivido en casas grandes y vacías, no no me molesta tanto esa compañía entonces. Los hombres son silenciosos, para hablar, no piensan realmente gran cosa, así que dicen poco lo que piensan. Las mujeres piensan mucho, mucho más. Piensan de todo en un instante y te lo quieren decir en un instante y que lo entiendas. Como embarrarte un puto Aleph en la cara y tienes la obligación de responder.

Es difícil vivir en casa con una mujer. Tienen un campo de ingravidez alrededor, tal vez sea algo vaginal, algo que siempre se hunde en el centro. Hay que ser siempre un poco una mascota para ganarlas. Odio a las putas mascotas. El universo de la mujer es Baudrillardiano. En el sexo están bien, dejan de pensar apenas las tumbas. Digo que uno no puede dejárselas adentro todo el día, ese es un problema. Al huevo con tu feminismo. Debes ser como una mascota y mover la cola cada vez que diga tu nombre y babear, mucho. Creo que el sexo es para calmarte. El sexo termina en un par de meses y te puedes echar en la alfombra como un buen perro. Con la condición de que ya no lo pidas. Hasta te dará de comer por el resto de tus días.

Bueno, pasa que eres un mal perro. Yo siempre quiero pensar y empiezo a dar vueltas y a veces escribo cosas de estas. No lo entenderás, es ese cuerpo. La evolución que te cagas. Son el verdadero culmen de la biología. Las tetas te dan superpoderes, no digo para ponerlas en esas puterías de redes sociales. Hablo de un verdadero sexto, séptimo y octavo sentido. Los que quieras. Ver más allá de lo evidente. Les puso un seguro, la biología. Lo pierden todo al dar vida. Por eso se llama dar vida.

Entonces, ya sabes. Por la mañana es comenzar a dar vueltas sobre ese olor picante. Ya no es ta gracioso, no sé diez años después. Se convierten en hombres después, nunca han sido mujeres, no existen las mujeres o los hombres sino los fabricados por la cultura. Diez años después los hombres empiezan a mear sentados por tanto cansado sexo y las mujeres son robustas como troncos. Y cada mañana exigen su falogocentrismo nuestro de cada día. Pobre si te equivocas. De cualquier forma nunca podrás acertar una sola. Ese lenguaje está fuera de tu alcance, porque no es de este mundo. Lo único que puedes hacer es inventar estupideces, hasta que caiga otra vez la noche.

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