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Anotaciones para “Veinticinco sesentayocho” de Dora Moro [281113]

 

Reminiscencias.


Leer un poemario o colección de versos y tener la sensación de que ése quien escribe de algún modo ha conocido a alguien que nosotros hemos conocido o perdido en la memoria. Cuando son demasiados los elementos en común y la casualidad se viene solidificando en una roca o cristal, cuya geometría se advierte, no ya lógica sino predecible.. [Lógica de la sinrazón. Ilógica disfrazada de razón. Nada que se aparenta. Después vacío]

¿No será también un fantasma? Esto que con el paso del tiempo [costumbre] hemos interiorizado como lo familiar, las huellas que perdemos todos los días, la basura de la calle que forma patrones, la forma zoológica de las nubes [tú, quien tenazmente se opuso siempre a las formas], la ensimismada profusión del hielo y las sales.. cómo todo se resiste al desorden, a pesar de la evidencia; no la falta de lógica, la lógica pornográfica de su misma ausencia: una vulva fractálica devorándose a sí misma o expulsándose siempre..

¡Entonces esta naturaleza nos conmueve por su espectáculo! sabiéndose hueca se empeña en singulares geometrías, seductora a los sentidos; sus criaturas creeen ver (verla).. y ella detrás en su incesante reproducción. Ella quiere perdurarse y nos oculta [de] la muerte, para que no tengamos miedo. Qué tal si el miedo es el abismo. La mirada que en nada se detiene y estalla detrás de sí como un huevo fracasado..

Lo predecible se vuelve objeto de sospecha..

Hay un pájaro o delfín que equivoca la ruta. Millones de años en evolución y entonces la rueda que salta.. la rueda gastada. Millones de ruedas nuevas se apresuran a sustituirla. Nadie ha visto nada. La casualidad no admite ruedas gastadas, todo funciona a la perfección. Días brillantes y melancólicas tardes en velocidad. Cómo se nos ofrece el mundo para que lo tomemos y se abre lúbrico y salado para que lo penetremos.. la razón es el órgano más eréctil. El miembro ciclópeo pastor de ovejas púrpuras. El mundo es de inspiración vaginal..

Todo se resiste al desorden. El caos vuelve sobre sí y no es inagotable; sólo puede construirse con lo que ya no puede descomponerse en más pedazos. El calor es la forma más descompuesta de energía, el mismo calor que nos anima. Si pudieramos resistir la casualidad, la asociación psicológica: ¿nos esperaría detrás esa muerte? Es conservarse en orden, ¿pero dar la vuelta inesperada nos arrojaría a la verdad? ¿o la orilla del mundo empieza allí? Habría que caminar en la noche más oscura y virar sorpresivamente para asaltarla! ..para caer.

Yo había dejado de pensar en ella y los huesos de aquel gato que se fue a morir en sus manos. Y tú querías lavar aquellos huesos y volver a unirlos. Pero el terror te llevó a esconderte bajo la mesa y hubo que volver a comenzar.. volver a comenzar cada vez es la naturaleza del mundo, nada se termina nunca del todo para siempre. Una persona en el mundo que no termine un rompecabezas a conciencia, ¿Dónde? El que no desespere al no encontrar una pieza que se ha perdido al ver su obra mutilada.. su creación inconclusa..

Los gatos que aprecen al final del callejón. Los gemelos malogrados que se llevaron la mitad buena del cerebro propio. la paradojas de la ambidestreza incapaz de crear nada nuevo. La blanca locura acolchada con suve algodón [pero no encuentro el púrpura]. Tu impenetrable funcionalidad disfrazada de disfuncionalidad funcional. Y el embate doloroso e irresistible del falo que te devolvió al mundo, que te ancló a la existencia que fracasaste en terminar pronto (lo que no quiere decir en ningún caso que no te hubieras empeñado en lograrlo). La de los Gilletazos no eras tú.. aunque te empeñaras en volver un lugar común todo lo que tocabas..

No sé más de ti. Pero lo intuyo. Lo descubro porque lo único que sé hacer desde entonces (siempre) es seguir los patrones; desterrar las casualidades (cogérmelas). La rueda gastada ya fue reparada. Tu cabeza loca perecerá y nada de ti será recordado. Tu sucesora no te representa, no encuentras en ella lo que un día fuiste, todos los engranes de su cabecita son nuevos y lustrosos. Te llena de melancolía y de memoria. Te llamará loca un día y ese será el día en que te acerques más a lo que no eres. Volverás a ser tu madre y de ti misma saldrá la costilla de la serpiente.

Eso es lo que hace el mundo, no sabe hacer otra cosa.

No ves ya los fractales del LSD que tanto te gustaban. Una geometría más secreta te cristaliza en días de minerales que crecen hacia adentro. Luego te dolerá la espalda y las rodillas. La naturaleza prepara tu desecho, ya la alimentaste y te creció en las nervaduras de la hoja en la que un día escribiste. Vano intento siempre tan vano y tan importante.

Alguien te ha visto y esto me dijo. Lo puso por escrito para que yo lo pudiera leer.. ese alguien no es real; tú lo conoces pero yo no y ella a mi no: un puente sobre la nada. un puente cojeante, a veces de un lado y a veces de otro.. Yo aquí te espero, hasta el día que nos rindamos cuentas. Voy a pasar de largo.

Voy a pasar de largo.

Ese muerto no es mío.

Toluca. [281113]

Ɛuςςebiơ

[Palabras al vacío] “Esta experiencia del desasosiego..”

Esta experiencia del desasosiego le llena. No sabe a qué atribuirla. Es verdad que ahora no está con ella más, pero no es sólo el dolor. Hay un placer desconocido que se le presenta. El resto de las personas quédanse en el dolor o en la simulación, apariencia de superación por el progreso. Su progreso.

 Piensa que creyó, lo sigue pensando, haberla querido. No está seguro. No de lo que piensa o pensó, sino de cómo se presenta la realidad ante el ser. Contrariedad. Uno encuentra irresistible el deseo de tocar oler, de sentirlo todo y esta decisión de los sentidos vela la angustia del conocimiento, pero ello mismo es otra angustia.

 Si la unión es posible, no lo es la fusión. Ideal. Sería su placebo. El hombre no puede experimentarla, a diferencia de la mujer. La mujer puede abandonarse, buscando protección constante. En el abandono de sí, el hombre solo experimenta la muerte, que le es in-significante.

 Nunca hemos abandonado el matriarcado, pues el mundo continúa hasta hoy. Del lado del hombre está la frontera, lo más allá, donde se abandona a sí. El hombre puede entregarse entonces, a condición de negar cualquier reproducción.

 La mujer se halla sumida en el placer, que sólo se refiere a sí mismo: histeria. La historia histerizada se asume como placer en la multiplicidad, validada en su elección simbólica, intercambio semiótico de objetos-seres que se emancipan del grupo. El matrimonio como rito recrea por un tiempo la posibilidad de continuidad en el sí. El rito reproductivo se ha cultivado sin su contraparte. El rito de la ruptura. La tradición de la muerte. Fiestas de la degradación que posibilitan una referencia histórica. La muerte ha sido muerta. Ocultada en la apariencia mortal de la reproducción continua.

 La resurrección de Cristo es atestiguada por una mujer, que la asimila y reproduce como imagen, máscara. Ocultando al hombre la idea de su finitud por medio de la seducción. El hombre es un ser desvalido ante su ausencia, si no domina antes dos aspectos; uno es la posibilidad de su reproducción y dos el control de su deseo de abandono, que le conduce a la destrucción de sí, conciencia de su ser copia.

 El fin último del hombre es servir a propósitos que desconoce. Históricamente, la mujer ha ido más lejos al tener conciencia de esto para sí, sirviéndose de ello. El hombre no quiere servir y toma el fruto, pero la mujer ya lo había tomado sabiamente. Su razón es a la vez instrumental y trascendente. En la lucha entre Dios y la mujer, el hombre ha quedado atrincherado. Dios pide al hombre que mate al hijo, copia, pero la mujer hace mitología, reescribe a Dios y conjura el mal que la amenaza. Que amenaza su creación. Dios ha dado fin a la creación, que sabe el mal y lo expulsa de sí. mientras la mujer ha luchado por recrear el mundo. Lucha y teme por la poesía, que arriesga la creación y es al mismo tiempo razón instrumental y trascendente. Equivale a tomar el aviso de la serpiente, la fruta del árbol. No de la mano.

 Dios velaba por el fruto, ahora es la mujer quien lo vigila cautelosa. Su ser es querer ofrecer el fruto al hombre, seducción como promesa de reproducción. Apariencia de muerte (parecer no muerte).

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Novela de Simetría Perfecta [170512]

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[también funciona para cine de corto]
 

A es enamorado de C y C es enamorado de A. Pero no se conocen. Luego A y C se conocen y no son enamorados más.

Para comprobarlo, evitan invitarse a cenar. Hasta que finalmente se encuentran en el restaurante X (llegando tarde, claro está, al mismo tiempo). Entonces A ordena carne roja y vino tinto, con el fin de hacer rabiar a C. C ordena salmón y vino tinto para hacer rabiar a A. Durante la sobremesa coinciden ambos en criticar negativamente las flores. Se hace un silencio incómodo.

A ordena la cuenta y prepara un cheque, en tanto C expresa su conformidad al respecto para mayor disgusto de A. Salen.

Afuera, encienden cigarrillos.

―Hace fresco― comenta desinteresadamente C.

―Mira―, replica A ―tenemos que hablar.

Ninguno dice más. Terminan de fumar en silencio.

―De cualquier forma, lo nuestro habría funcionado― añade C.

―Es verdad― concluye A. ―Ya siento que te odio.

Intentan besarse y topan con la nariz de frente. Retroceden con disimulo.

―Adiós entonces.

―Adiós.

Son satisfechos por el éxito de su fracaso. Luego no se encuentran más y pasan el tiempo pensado cómo hubiera sido. Vuelven a ser enamorados y felices, a veces.

– PRINCIPIO –

 

 
a Paty Garfias Cáceres
y Alondra Sánchez Garfias

 
 

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Happiness Inc. [310709]

 

El principio no el fin. El límite.

Fatalidad. Los dorados rizos de los delfines,

la voluntad del viento, el sabor del aire

en las venas.

 

Sí. Sí las pirámides de agua invertidas,

la muerte ralentizada y la eterna juventud

que sostiene al sol poniente con hilo dental.

Más allá, más allá, la golondrina ha regresado.

 

Participar de la trama, husmear tras bambalinas,

cópula de música y encuadre. Allegro.

No plenitud. Mano que se abre en pétalos perfumados

dedos azules como orquesta de libélulas.

 

Danza de olor entre alfombra nueva y libro viejo.

Ubicuidad, vacuidad. Reconciliación.

Una sonrisa que ha comprendido lo innecesario

y lo demás le tiene sin cuidado.

 

Sospecha de una voluntad superior,

una sensación de inasible y difusa infelicidad,

Estremecimiento postrero y adiós.

 

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Felisbertiana [170113]

 

para  ‘El Burrito Blanco’

 

      Cierta vez yo vendía libros. Y por alguna razón ningún cliente se había presentado a mi librería durante varios días, y yo me aburría allí terriblemente. Recuerdo que entonces los libros estaban ordenados frente a frente sobre repisas blancas  y éstas a su vez se hallaban empotradas en la pared. Había dos paredes opuestas, con dos repisas de libros cada una. Una vez, como sin darme cuenta, vendí algunos libros, pero no quise saber cuáles habían sido vendidos, pues creía que si llegaba a saberlo no podría ocultarlo a los demás y, de algún modo misterioso, tarde que temprano los otros libros se enterarían y me reprocharían el que tal vez nunca nadie llegara a comprarlos, y eso  me entristecía. Yo trataba de no pensar mucho en ello y me dejaba distraer en vaguedades.

      Pero al cabo de cierto tiempo, los ojos se me cansaron de no ver nada y volvieron a mirar a las paredes. Entonces me di cuenta de que los libros vendidos habían dejado sus huecos de cuando se los llevaron y nadie se había preocupado hasta entonces por colocar en su sitio otros libros disponibles. Luego contemplé las repisas y los huecos de los libros, y me pareció que formaban dos bocas desdentadas que se sonreían entre sí, como dos viejos chimuelos que se encontraran contentos después de muchos años.

 

 

***

Casas de la Muerte – La casa de los desesperados

En la Casa de los Desesperados nada sucede jamás. Los goznes de las puertas no rechinan al paso del tiempo. Los grifos acerados no gotean de madrugada. El polvo no se acumula en los rincones ni opaca el brillo de las ilustres maderas. Las paredes nunca manchadas no nos lanzan funestos presagios con sus formas caprichosas.

Los retratos no envejecen en sus vetustas enmarcaduras. Los libros no guardan memoria alguna, pues carecen de todo olor y la tinta jamás se seca en las plumas.

Los inquilinos de esta casa esperan en vano una carta que nunca llega, mientras son observados fijamente a través de la ventana por un gato eterno que no se deja tocar.