[Palabras al vacío] “..ahora no pienso en nada..”

Ahora, más que otra cosa, me ocupa la infinitísima tarea de rascar la cubierta de la mesa. Esto es mayormente un problema. Es un problema complejo. Quiero decir, hacerlo es lo fácil. Pero hasta ahí. El problema empieza cuando lo piensas, porque pensar es como rascar ésta cubierta. No sólo eso, sino que luego empiezas a pensar sobre lo que piensas y yo saco en conclusión que luego de esto ya no hay una palabra exacta que pueda decirlo. Por ahora, y porque esto es un principio, yo digo “rascar la cubierta de la mesa”. Pero “rascar” no es la palabra que mejor ilustra decir el caso, porque más bien estoy picando a trozos una cubierta de madera que ya estaba picada cuando llegué, solo, a sentarme a esta mesa.

¿Qué extraña fuerza, qué misteriosa energía, nos conmueve al encontrarnos en semejante situación, nos obliga, a continuar y recomenzar esta tarea siempre nerviosa, compulsiva, inevitable?

Cualquiera que alguna vez haya encarado este quehacer grotesco sabrá que no se trata simplemente de afrontar la dicotomía “picar no-picar”, porque esta es una dualidad tan solo aparente que enmascara la fatalidad. Lo real es que no hay opción posible. Todo acto se resume en un único instante. Pero estoy redundando.

“Picar” tampoco es una palabra muy buena en todo caso porque lo que hago es más bien retirar trozos pequeños de esta cubierta o capa externa que forma parte de la madera compuesta llamada triplay, y si mi inglés intuitivo me permite hacer una traducción literal, viene siendo la primera de tres capas que en su conjunto conforman este agregado.

Bueno, regresando al problema epistemológico que me ocupa, no sé, quizá no sea más que el hecho fácilmente verificable de haber venido a sentarme, solo, a esta mesa. Sin embargo me da por pensar que aun cuando llegara a sentarse junto a mi alguien más, yo seguiría mirando sospechosamente esta mesa y esta cubierta a medio rascar. A medio picar.

Quizá la palabra sea hasta aquí rota.

[..]

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