LOS MUERTOS NO CUENTAN CUENTOS [FULL HD] [311014] (pre)

Los muertos no cuentan cuentos

[Drama de Leerse en Mini Actos]

I.

—Desde esta altura puede verse casi todo el centro del valle, —dije—. Como ves no es muy grande. Ese, que parece elefante, es el Cerro de la Teresona. Nunca debes ir allá, porque espantan. Ese bulto de enmedio es el cerro del Calvario. Tampoco vayas, ahí roban. Y ese terreno pelado era el parque de los Venados. Ahí matan.

—Veo que no hay muchos lugares a dónde ir por aquí.

—Ya te acostumbrarás, como todos. Lo mejor es que no salgas de aquí si no es para irte a tu casa.

—¿Y la pintura?

—No es pintura. Es mural. Lo pintó un wei de Tenancingo.

—¿Así que ustedes vienen seguido acá arriba?

—De vez en cuando. No nos dejan subir cuando hay niebla.

—Supongo que alguien podría resbalar por aquí con toda esa niebla. ¿Nunca ha pasado?

—Una vez. Hace casi un año.

—Desde aquí no parece una caída mortal.

—No fue desde aquí. Este remedo de acantilado puede dividirse en tres partes, de dos la caída no es fatal. La tercera nomás tiene boleto de ida.

—¿Y, la vieron?

—Sí. Salió en el Metro. Hijos de la chingada. De todo hacen carne, ya sabes “Buscaba la verdad y encontró la muerte”. Era de…

—…de filosofía. Yo también lo leí.

—[…]

—Mira, cayó por ahí, entre esas piedras afiladas. Dijeron que se había tirado sola, pero el caso es que en las fotos llevaba la mochila. ¿Te das cuenta? Por ahí, entre esos matorrales, un poco a la derecha ¿ves?, bueno por ahí subimos el otro día y ¿sabes qué encontramos? Pues nada menos que un libro.

—¿De qué?

— […]

—Una Historia de la alquimia. Una vulgar edición del Fondo de Cultura. Le faltaban hojas, donde venían las ilustraciones. Qué curioso ¿no?

—Yo también me aventaría si tuviera que leer algo así.

—Pero no entiendes. Es que no lo estaba leyendo. Alcanzó a agarrarse de él cuando la aventaron.

—Alcanzó a agarrarse de él cuando la aventaron.

—Si vienes en la noche con nosotros, te enseño las páginas que le faltaban al libro…

—[…]

—¿…qué tal: “Licenciada en Suicidio”?

II.

                Empezaron a fumar desde temprano. Iban directo. Ya se habían saltado a Bunbury y Héroes, iban en Chavela y San Pascual. Pink Floyd aguardaba. Algo se dijo de Homero y unas aladas palabras. No quería volver sobre el tema, pero el alcohol era demasiado guarro para entretenerse mucho y había que hablar de algo.

—Hay quien dice que cada vez que cometemos un acto prohibido se abre una puerta oculta en nuestra mente o algo así. Lo que la gente llama magia o brujería no es sino una manifestación de los pensamientos del espíritu, como los sueños.

—¿Dónde leíste eso?

—Por ahí.

—¿Y tú has cruzado esa puerta?

                El silencio fue incómodo. Les cayó como sandía en ayunas. Más de uno pasó los ojos por el piso asqueroso. Alguien dijo que iba al baño. Dos salieron a masturbarse mutuamente en la oscuridad. Luego vino la historia de rigor.               

—Y bueno, ¿no me ibas a enseñar los dibujos?

—No son dibujos. Son símbolos ¿Qué sabes del exilio de los judíos en Babilonia en el siglo V antes de Cristo? ¡Sabes que la próxima semana entregamos el ensayo sobre el Gilgamesh, y quiero discutir la influencia del pensamiento judío en el texto y el origen de la escritura! ¿¡qué te parece!?

—Bueno, me parece que estás forzando el…

—¡Piénsalo! ¡La cacería sagrada del oscuro Enkidú a través de los bosques del Líbano! ¡La fe en la existencia de una flor ultraterrena que devuelve la vida a los muertos! ¿No es el tema cristiano del fruto prohibido, la sabiduría y la traición? ¡La puta traidora, la deshonra y la expulsión! ¿Qué tal, eh?

—Es un tema difícil y realmente no he leído sobre…

—¡Hasta he pensado que podrías ayudarme! Creo que el tema es algo muy tuyo.

—No, lo que pasa es que no quisiera…

—Quiero que me ayudes a buscar un libro. Un libro que no encuentro. Aparece en el catálogo de la biblioteca, pero no está donde debe. Estará mal acomodado por ahí, ¿podrías? Qué tal el lunes en la tarde…

                Come on/now/I hear you’re feeling down/I can ease your pain/get you on your feet again/…/

III.

—Ven, por aquí. Mira, el libro no lo encuentro donde debería estar. Alguien pudo meterlo en otro lado. Ahora ven, por acá está el libro que trae la referencia. Este, dice: Simbología esotérica del arte Oriental antiguo. Las páginas centrales: “el sincretismo religioso entre el paganismo babilónico y la tradición cabalística de la diáspora…” más adelante. “… el mito fundacional judío halló en Babilonia el sustrato ideal que más tarde daría origen al Pentateuco; por primera vez la idea de Dios se unió a la idea del Libro… ”

—Bueno, yo pienso que la escritura de la Biblia es incluso anterior a…

—¡No pienses! ¡No has comprendido! La traducción podría ser deficiente. No estamos hablando de la simple escritura de un libro, sino de un libro viviente. Mira esto: “Una de las sectas heréticas más radicales rompió con los preceptos de la tradición judeo-cabalística. Fueron condenados por sostener la creencia en un único Dios-Libro. Es posible que algunos hayan escapado, huyendo en dirección al suroeste, hasta el archipiélago griego, donde habrían excavado galerías subterráneas que terminarían convirtiéndose en el famoso laberinto de…”

—¡Pero, es que toda la tradición cabalística tiene fundamento en el libro como Dios! ¡Sólo estamos perdiendo el tiempo!

—No entiendes nada. Escucha, para la cábala el Libro-Dios no es más que una metáfora. Pero, para esta tradición oculta, el libro es Dios mismo y el secreto de la inmortalidad. ¡Pero para probarlo necesito encontrar ese libro!

—Ese libro no existe. Estás mintiendo, dijiste que aparecía en el catálogo, pero he agotado todas las posibles coincidencias y no hay nada. Es mentira.

—[…]

—Bueno, es verdad… mentí sobre lo del catálogo. ¡Pero te digo que el libro existe y está aquí! ¡Porque…! Porque…

—Vamos, ¿ahora qué vas a inventar?

—Porque yo lo soñé… ¡Es verdad! ¡El libro está aquí! Sólo necesito que tú lo encuentres por mí.

—¿¡Y por qué tengo yo que resolver tus sueños!?

—La flor ultraterrena que devuelve la vida a los muertos, ¿recuerdas? Los símbolos arcanos hablan del hacha de doble filo, que es en realidad un libro abierto… ¡Esa flor es El Libro! Pero, para traerla del más allá hace falta una llave, un código. Esa llave es lo que conocemos hoy día como código genético

—¡Estás enloqueciendo, maldito nazi! Has visto demasiadas películas de Bergman. Yo me largo.

—¡…tú tienes ese código! ¡Espera! Dijiste que tu abuelo tenía sangre judía… ¡entonces tienes una llave! En mis sueños yo encontraba una de las llaves y ahora te he encontrado a ti. ¡Sólo tú puedes traerme ese libro!

—Y déjame adivinar, ¿no está por aquí, verdad?

—No. Pero puedo conducirte hasta el Laberinto…

—[…]

IV.

—Ahora relájate. No pienses. Concéntrate en dormir, sólo en dormir.

—Necesito saber cómo es tu libro…

—No. Lo sabrás cuando lo encuentres. Yo te guiaré a través de los cuartos, por medio de los símbolos que iré trazando a tu alrededor mientras sueñas.

—Sigo pensando que deberías ser tú quien se meta en tus propios sueños…

—Quédate tranquilo y respira. La noche apenas comienza y los caminos de la muerte son intrincados.

—¿Cómo resolveré el Laberinto?

—Con el tiempo. Todos los caminos son el mismo. Sólo dime una cosa ¿te asustan los perros? El sendero que lleva a la Ciudad de los Muertos está guardado por el espíritu del señor de los perros. Es inofensivo para los condenados, pero con los intrusos suele ser muy celoso y voluble. Si lo encuentras prosigue firme y no retrocedas. Perderte es su trabajo.

—Ahora silencio. Con este primer símbolo te serán revelados los caminos que conducen a la última de las moradas.

V.

Los primeros rayos del sol pasaron por entre las persianas. El olor de los libros se hacía más intenso conforme avanzaba la luz del día. Estaba soñando que un perro lo olisqueaba, recargando contra su costado el hocico duro. Era uno de los conserjes de la biblioteca que lo estaba picando con su escoba.

—¿Y usté qué? ¿No tiene casa o qué? ¿Quién chingá le dio permiso de quedarse a dormir aquí? ¡órale órale! ¡A rayar el piso de su casa, escuincle cabrón este! …inches chavos, me cai.

Vio la losa del piso emborronada de un gis nacarado. Todavía alcanzaban a distinguirse círculos y cuadrados superpuestos. La náusea le hacía ver el conjunto de trazos como los engranes de una precisa maquinaria cósmica que conservara aún la inercia de su impulso primordial. Había algunos libros botados de sus estantes.

VI.

En la noche hablaron aparte. La música no era buena, y no había dinero para tomar mezcal.

—Es importante que trates de recordar los detalles ¿Qué fue lo que viste?

—Todavía me duele la cabeza. Vi…

Vi que las puertas de la Casa de la Muerte son dos Por una se llega a ver lo que hay dentro La otra es sólida y tiene echado cerrojo

—¡Sigue!

Soñé que estaba muerto y era el sueño más hermoso de mi vida Porque yo sabía que estaba muerto y mi espíritu flotaba sobre el mármol de las losas Recuerdo que sonreía porque era feliz

—¡Demonios, no! Pero dime ¿estabas realmente muerto o te veías muerto a ti mismo? ¡Si te veías significa que entonces no estabas dentro!

Luego desperté y supe que estaba vivo y quise regresar Pero cuando llegué otra vez las puertas estaban cerradas y yo quería entrar porque quería estar muerto Pero no podía Sólo podía ver adentro porque por esa puerta se podía ver pero no pasar

—¡Aaah que su puta madre! […] ¿Estás seguro que tu abuelo realmente era judío? ¡A lo mejor sólo era otro asqueroso polaco…! Habrá que probar otra vez.

—Pero esta vez iré solo. Ya conozco el camino.

VII.

Era muy temprano. Recuerdo que la mañana estaba helada y la niebla volvía a cerrarlo todo a la vista. Las flores del camino a la cima estaban negras y maceradas por el hielo. Cuando llegué, él ya había traspasado la baranda de piedra. La vigilancia mal pagada no se atrevía con este clima. Necesité acercarme mucho para saber que me esperaba de pie justo al borde del acantilado. No alcanzaba a verle los ojos. Su voz resonó terriblemente impersonal, amplificada como un eco por el vacío a nuestro alrededor. Esto fue lo último que me dijo:

Las murallas que rodean la Ciudad son infinitas y cíclicas pues no hay modo de entrar por voluntad en ella Pero en la noche del banquete de los muertos de entre ellas se verá levantarse las dobles puertas Para los convidados bastará una llave sola pues les hará pasar y no volver Pero el que quisiere volverse procure una segunda llave y distinta a la primera

—Entonces, lo has traído ¡Lo trajiste! ¡Déjame verlo!

pero el tiempo que allí se entre es poco y recuérdese bien esto Que las puertas vuelven a cerrarse y mudan su cerradura con cada amanecer Y aquel será cautivo por siempre entre estos muros y escuchará aullar a los perros que a lo lejos lamentarán a coro su miserable suerte

Aullidos y ladridos lejanos empezaron abajo. Venían en camino.

—¡Date prisa! ¡Baja de ahí! ¡Me cagan esos cochinos perros! ¡Aviéntame el libro!

Tenía que traerlo de regreso a como diera lugar. Pero cuando dio el primer paso hacia atrás me heló el espanto, si eso aún fuera posible. Yo juraba que no habría más terreno bajo sus pies y lo vi flotar entre la niebla como un fantasma. Algunas piedras rodaron cuesta abajo enfureciendo a los perros.

Brinqué la baranda manoteando a ciegas, como si creyera posible apartar de mí esa cortina pegajosa. Resbalé una vez y de milagro no se acabó la piedra bajo mis pies. Quedé completamente paralizado. Él me habló una vez más:

soñé que estaba muerto y era el sueño más hermoso

—¡Dame la mano! ¡Apúrate!- Le grité. Ya no me escuchaba.

Soñé con un libro dorado… en Él está escrito todo lo que es Ha sido y será En él estábamos tú y yo Y estaba escrito este día Pero sus páginas fueron redactadas por la mano de un hombre muerto y por lo tanto pertenece a la Biblioteca de los Muertos Y hay sólo una forma de traerlo a este mundo

 

—Aquí está el libro que me pediste…

—¡NO! ¡Imbécil! ¡NO!

               

Permanecí inmóvil. El largo tiempo que pasó hasta el primer impacto no lo puedo explicar. Debe ser un fallo del cerebro o algo. Fue un golpe solo. Un solo crujir como de rocas o de huesos o de ramas verdes.

El libro quedó en mis manos. Menos algunas páginas sueltas que siguieron flotando mucho tiempo después de que los conserjes lograran quitarme de encima el montón de perros enloquecidos que ya empezaban a arrancarme la ropa a mordidas.

Ayer tuve otra vez el sueño de los cuartos.

— TELÓN —

-Dedicado a la Bandera Púrpura [2005-2012]

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LOS MUERTOS NO CUENTAN CUENTOS [Drama de leerse en mini actos]

Escena I.

 

 

-DESDE esta altura puede verse casi todo el centro del valle, -dijo-. Como ves no es muy grande. Ese es el Cerro de la Teresona, nunca debes ir allá, porque espantan. Ese de enmedio es el cerro del Calvario, tampoco vayas, ahí roban. Y ese terreno pelado era el parque de los Venados, ahí matan.

-Veo que no hay muchos lugares a donde ir por aquí.

-Ya te acostumbrarás, como todos. Lo mejor es que no salgas de aquí si no es para irte a tu casa.

-¿Y la pintura?

-No es pintura. Es mural. Lo pintó un wei de Tenancingo.

-¿Así que ustedes vienen seguido acá arriba?

-De vez en cuando. No nos dejan subir cuando hay niebla.

-Supongo que alguien podría resbalar por aquí con toda esa niebla. ¿Nunca ha pasado?

-Una vez. Hace casi un año.

-Desde aquí no parece una caída mortal.

-No fue desde aquí. Este acantilado puede dividirse en tres partes, en dos de ellas la caída no es fatal. Para la tercera sólo hay boleto de ida.

-¿La vieron?

-Sí. Salió en el Metro. Hijos de la chingada. De todo hacen carne, ya sabes “Buscaba la verdad y encontró la muerte”. Era de…

-…de filosofía. Yo también lo leí.

-[…]

-Mira, cayó por ahí, entre esas piedras afiladas. Dijeron que se había tirado sola, pero el caso es que llevaba la mochila. ¿Te das cuenta? Por ahí, un poco a la derecha, ves, bueno por ahí subimos al otro día ¿y sabes qué encontramos? Pues nada menos que un libro.

-¿De qué?

-Una Historia de la alquimia. Una vulgar edición del Fondo de Cultura. Le faltaban hojas, donde venían las ilustraciones, ¿no te parece curioso?

-Yo también me aventaría si tuviera que leer algo así.

-Pero, no entiendes, es que no lo estaba leyendo. Alcanzó a agarrarse de él cuando la aventaron.

-Si vienes en la noche con nosotros te enseñamos las páginas que le faltaban al libro…

-[…]

-¿Qué tal “Licenciada en Suicidio”?

 

..continúa