[Palabras al vacío] “Esta experiencia del desasosiego..”

Esta experiencia del desasosiego le llena. No sabe a qué atribuirla. Es verdad que ahora no está con ella más, pero no es sólo el dolor. Hay un placer desconocido que se le presenta. El resto de las personas quédanse en el dolor o en la simulación, apariencia de superación por el progreso. Su progreso.

 Piensa que creyó, lo sigue pensando, haberla querido. No está seguro. No de lo que piensa o pensó, sino de cómo se presenta la realidad ante el ser. Contrariedad. Uno encuentra irresistible el deseo de tocar oler, de sentirlo todo y esta decisión de los sentidos vela la angustia del conocimiento, pero ello mismo es otra angustia.

 Si la unión es posible, no lo es la fusión. Ideal. Sería su placebo. El hombre no puede experimentarla, a diferencia de la mujer. La mujer puede abandonarse, buscando protección constante. En el abandono de sí, el hombre solo experimenta la muerte, que le es in-significante.

 Nunca hemos abandonado el matriarcado, pues el mundo continúa hasta hoy. Del lado del hombre está la frontera, lo más allá, donde se abandona a sí. El hombre puede entregarse entonces, a condición de negar cualquier reproducción.

 La mujer se halla sumida en el placer, que sólo se refiere a sí mismo: histeria. La historia histerizada se asume como placer en la multiplicidad, validada en su elección simbólica, intercambio semiótico de objetos-seres que se emancipan del grupo. El matrimonio como rito recrea por un tiempo la posibilidad de continuidad en el sí. El rito reproductivo se ha cultivado sin su contraparte. El rito de la ruptura. La tradición de la muerte. Fiestas de la degradación que posibilitan una referencia histórica. La muerte ha sido muerta. Ocultada en la apariencia mortal de la reproducción continua.

 La resurrección de Cristo es atestiguada por una mujer, que la asimila y reproduce como imagen, máscara. Ocultando al hombre la idea de su finitud por medio de la seducción. El hombre es un ser desvalido ante su ausencia, si no domina antes dos aspectos; uno es la posibilidad de su reproducción y dos el control de su deseo de abandono, que le conduce a la destrucción de sí, conciencia de su ser copia.

 El fin último del hombre es servir a propósitos que desconoce. Históricamente, la mujer ha ido más lejos al tener conciencia de esto para sí, sirviéndose de ello. El hombre no quiere servir y toma el fruto, pero la mujer ya lo había tomado sabiamente. Su razón es a la vez instrumental y trascendente. En la lucha entre Dios y la mujer, el hombre ha quedado atrincherado. Dios pide al hombre que mate al hijo, copia, pero la mujer hace mitología, reescribe a Dios y conjura el mal que la amenaza. Que amenaza su creación. Dios ha dado fin a la creación, que sabe el mal y lo expulsa de sí. mientras la mujer ha luchado por recrear el mundo. Lucha y teme por la poesía, que arriesga la creación y es al mismo tiempo razón instrumental y trascendente. Equivale a tomar el aviso de la serpiente, la fruta del árbol. No de la mano.

 Dios velaba por el fruto, ahora es la mujer quien lo vigila cautelosa. Su ser es querer ofrecer el fruto al hombre, seducción como promesa de reproducción. Apariencia de muerte (parecer no muerte).

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