Ensayo VIII: Mi invento y sus utilidades (Oldie but goodie)

¡Parece que en estos días ya todo está inventado! Vaya que es difícil hallar una buena idea entre tanta publicidad y tantos productos. Basta pedir un deseo, encender el canal de compras por televisión y ordenar ¡ya lo tienen todo!

Como sea, me impactó el ensayo de Swift sobre el uso de niños para consumo humano y pensé: -claro, es una propuesta nutritiva y sabrosa. Aunque por ahora poco viable, según el estado de nuestra sociedad. La vida se valora en demasía.

Por siglos la humanidad ha buscado una respuesta al problema de su energía, y ahora que su demanda aumenta rápidamente, yo también tengo mi “modesta propuesta” para aliviar al menos un problema nacional y tal vez mundial.

¡Pero no se trata de comernos entre mexicanos! No sé qué tan sabrosos pudiéramos ser. No, quiero centrar mi discusión sobre un recurso nacional abundante y hasta hoy vilipendiado. Ya en el pasado he inventado útiles artilugios, privando el bien colectivo entre las prioridades de mis creaciones. Aquellos que alegan que la Metavisión no es sino una televisión defectuosa, soslayan sus virtudes catárticas.

Pero no es de la Metavisión, ni del Oloroscopio y tampoco de los Rayos-e de lo que quiero hablar en esta ocasión, sino de una fuente de energía novedosa. Los ecologistas, taoístas y finalistas se encontrarán colmados de júbilo al constatar sus virtudes, pues se ha argumentado contra la energía solar, por ejemplo, que produce cáncer de piel; contra la energía eólica, que despeina; contra la energía hidráulica, la migración del salmón, etc.

¡Caballeros! La Estulticia. Euclides lo sospechaba, Erasmo lo sabía; ¡los tontos son fuente inagotable de energía! …y nuestro país es abundante en recursos naturales. “Los tontos son legión” Ahora, la historia de tan importante descubrimiento.

Todo comenzó a principios del siglo XVIII, cuando un científico gallego postuló la Ley de la Estupidez Universal, que describe en términos de Mecánica Cuántica la relación entre la idiotez y su energía. Esta ley puede leerse del siguiente modo: “La energía que puede generar un gilipollas viajando a la velocidad de la luz es el producto resultante de dividir su masa entre el cuadrado de la velocidad a la que se desplaza”.

Por cierto, una de las principales dificultades en el uso de dicha energía consiste en la extrema inestabilidad de las partículas que desprende a su paso un imbécil. Estas partículas, denominadas Gilipollons, en homenaje a su descubridor el doctor en Física Nuclear Agustín de Gil y Polla Rosada, tienden a dispersarse por el espacio sin control, contaminando todo a su paso. Pero si se crea una celda adecuada sensible a los Gilipollons puede convertirse su energía en electricidad contante y sonante por medio de un simple inversor de polaridad. En este sentido, para freír un huevo o recargar nuestros celulares requeriremos únicamente de la presencia momentánea de un estúpido.

Si bien la Física actual no ha podido explicar con absoluta satisfacción el misterio de la inagotable energía de los tontos, se admite como posible el hecho de que si un boludo pudiera desplazarse a la velocidad de la luz generaría suficiente energía como para hacer encabritar a Dios mismo. Se especula que el resultado de esto sería un extraño agujero negro que escupiría el universo entero.

Imagine así que el más merluzo del salón de clase pudiera encender todo un cañón de diapositivas hasta por diez años. Un solo presidente municipal serviría para dotar de electricidad a un pueblo pequeño y un presidente en botas vaqueras de charol bastaría para proveer de energía a toda la industria automotriz del país por espacio de varios lustros.

Anuncios